viernes, 3 de agosto de 2012

A TRAVÉS DEL LÍMITE DEL MAL


“Seguro que quien inventó el rodillo estaba hasta los cojones de utilizar esa brocha gorda y pesada, cargada de pintura espesa y maloliente. ¿Cuántas paredes debió pintar antes?”
Con esta reflexión hoy me he dado cuenta de lo que somos capaces de soportar o necesitamos sufrir antes de que el coco nos brinde un “clic”. A día de hoy la mayoría de nosotros estamos aguantando muchas cosas que no nos gustan. Pero fijaros como somos, como aguantamos, cuán hartos necesitamos estar para reconocer lo machacante de nuestra situación. Necesitamos mucha caña para llegar al punto en que digamos: ¡ya no puedo más!


Me pongo el primero cuando digo que esta situación tarda en llegar porque tenemos miedo: miedo a abandonar la comodidad de vivir una situación desesperante pero conocida, inhumana pero insensibilizante, injusta pero que de momento nos permite no responsabilizarnos de nosotros mismos. Me pongo el primero cuando digo que la situación de hoy nos permite desatar los impulsos de nuestra más  temprana infancia, cuando nuestro  recurso más efectivo era la pataleta.
Estamos en una situación que la mayoría sabemos que no debería ser así. Vivimos en un tiempo en el que a pesar de las originales y creativas alternativas, existe todavía multitud de almas enganchadas, no al miedo, sino al miedo al miedo.
Me surgen un montón de hipótesis pero la que más me hace figura es esta del miedo al miedo: el miedo a pasarlo mal que la mediática colonización capitalista ha cristalizado en nuestros casi congelados cerebros humanos.
Es increíble pero mientras desfallecemos día a día a causa de mantener nuestro pesimismo ante las utopías, somos capaces de tragarnos el más puro surrealismo. La impotencia se asume sin sentir la energía sesgada que la conforma; la agresividad animal humana ahogada en la corriente cerrada de la religión.
Cuántas vidas zampadas por El Método a costa de una promesa: el retorno de un dios todopoderoso. Y cuantos malditos infieles esperando a que todo se descubra sin más.
Algunos sabemos desde hace tiempo que todo pasa, que la impermanencia mueve el mundo. No es una cuestión mística lo de la disolución del poder, es cuestión de tiempo. Si bien es cierto que la partida ha comenzado, esto no llegará a su fin si los botones no son pulsados adecuadamente. En este videojuego de una sola vida, los botones no serán pulsados adecuadamente a menos que, pese al miedo, ejecutemos esa pulsión o serie de pulsiones mal que nos pese.  
Pensemos en el futuro. No de manera predictiva sino de manera hereditaria. A menos que de un día para otro dejemos de engendrar niños, todos van a sufrir las elecciones que como conjunto humano, llamémoslo así, tomemos.
¿Quién de nosotros es capaz de pensar en sus hijos, nietos, etc dentro de unos años como víctimas de nuestras elecciones de hoy? ¿Quién no es capaz de oler la futura desgracia heredada de nuestra impotencia, heredada esta del miedo de nuestros padres, heredado de la vergüenza de nuestros abuelos, heredada la misma por la obra del Señor?
Los seguidores de manuscritos no tienen una solución para la conciencia, solamente manipulan lo invisible y lo oscuro de nuestras temerosas personas. Presentados bajo el titulo de guías celestiales, han podrido nuestra historia ocultando la verdad: que no tienen ni puta idea de nada, igual que nosotros. Porque estamos, al igual que ellos, tan asustados de nuestro miedo, tan afectados por la posibilidad de vivir en la ignorancia, que cada uno se agarra a lo que puede.
Entonces, sálvese quien pueda hermanos…


No hay comentarios:

Publicar un comentario