“Seguro que quien inventó el rodillo estaba hasta los
cojones de utilizar esa brocha gorda y pesada, cargada de pintura espesa y maloliente.
¿Cuántas paredes debió pintar antes?”
Con esta reflexión hoy me he dado cuenta de lo que somos
capaces de soportar o necesitamos sufrir antes de que el coco nos brinde un “clic”.
A día de hoy la mayoría de nosotros estamos aguantando muchas cosas que no nos
gustan. Pero fijaros como somos, como aguantamos, cuán hartos necesitamos estar
para reconocer lo machacante de nuestra situación. Necesitamos mucha caña para llegar
al punto en que digamos: ¡ya no puedo más!
Me pongo el primero cuando digo que esta situación tarda en
llegar porque tenemos miedo: miedo a abandonar la comodidad de vivir una situación
desesperante pero conocida, inhumana pero insensibilizante, injusta pero que de
momento nos permite no responsabilizarnos de nosotros mismos. Me pongo el
primero cuando digo que la situación de hoy nos permite desatar los impulsos de
nuestra más temprana infancia, cuando
nuestro recurso más efectivo era la
pataleta.
Estamos en una situación que la mayoría sabemos que no
debería ser así. Vivimos en un tiempo en el que a pesar de las originales y
creativas alternativas, existe todavía multitud de almas enganchadas, no al
miedo, sino al miedo al miedo.
Me surgen un montón de hipótesis pero la que más me hace
figura es esta del miedo al miedo: el miedo a pasarlo mal que la mediática colonización
capitalista ha cristalizado en nuestros casi congelados cerebros humanos.
Es increíble pero mientras desfallecemos día a día a causa
de mantener nuestro pesimismo ante las utopías, somos capaces de tragarnos el más
puro surrealismo. La impotencia se asume sin sentir la energía sesgada que la
conforma; la agresividad animal humana ahogada en la corriente cerrada de la
religión.
Cuántas vidas zampadas por El Método a costa de una promesa:
el retorno de un dios todopoderoso. Y cuantos malditos infieles esperando a que
todo se descubra sin más.
Algunos sabemos desde hace tiempo que todo pasa, que la
impermanencia mueve el mundo. No es una cuestión mística lo de la disolución
del poder, es cuestión de tiempo. Si bien es cierto que la partida ha
comenzado, esto no llegará a su fin si los botones no son pulsados adecuadamente.
En este videojuego de una sola vida, los botones no serán pulsados
adecuadamente a menos que, pese al miedo, ejecutemos esa pulsión o serie de
pulsiones mal que nos pese.
Pensemos en el futuro. No de manera predictiva sino de
manera hereditaria. A menos que de un día para otro dejemos de engendrar niños,
todos van a sufrir las elecciones que como conjunto humano, llamémoslo así,
tomemos.
¿Quién de nosotros es capaz de pensar en sus hijos, nietos,
etc dentro de unos años como víctimas de nuestras elecciones de hoy? ¿Quién no
es capaz de oler la futura desgracia heredada de nuestra impotencia, heredada esta
del miedo de nuestros padres, heredado de la vergüenza de nuestros abuelos,
heredada la misma por la obra del Señor?
Los seguidores de manuscritos no tienen una solución para la
conciencia, solamente manipulan lo invisible y lo oscuro de nuestras temerosas
personas. Presentados bajo el titulo de guías celestiales, han podrido nuestra
historia ocultando la verdad: que no tienen ni puta idea de nada, igual que
nosotros. Porque estamos, al igual que ellos, tan asustados de nuestro miedo,
tan afectados por la posibilidad de vivir en la ignorancia, que cada uno se
agarra a lo que puede.
Entonces, sálvese quien pueda hermanos…

No hay comentarios:
Publicar un comentario